domingo, 10 de enero de 2016

Time goes by

La verdad, me apetecía escribir pero no tengo ni idea de sobre qué hacerlo hoy. Podría hablar sobre los turcos que están ahora mismo al otro lado de mi puerta, haciendo ruido mientras cocinan casi a la una de la mañana. O sobre Raquel, una chica a la que conocí hace poco, pero que me ha devuelto la sonrisa que el viento se llevó. Sobre mi vida, mi trabajo, mis estudios. Sobre la cara que se me ha quedado esta mañana, cuando me he encontrado con que los de GoDaddy habían bloqueado mi cuenta por un "exceso de intentos fallidos de acceso". Sobre las ganas que tengo de largarme de esta ciudad, ruidosa y superpoblada, con exceso de testosterona y religión (valga la redundancia). O sobre las personas que he conocido en estos dos meses y pico, y voy a dejar atrás, porque admitámoslo, tenemos la impresión de que vamos a conservar a los "amigos" eternamente sólo por agregarlos al facebook, pero seguramente no duren más de un par de purgas. Pero bueno, dejar gente atrás empieza a convertirse en una costumbre.

Hace unos meses leí una frase que me sentó como una patada en el estómago.
Pensar que la gente va a portarse bien contigo porque tú te portes bien con ellos, es como pensar que un tigre no va a devorarte porque tú seas vegetariano.
Tengo que dejar de hacer el gilipollas, y ser un poquito más cabrón.
No, me gusto como soy. Tengo defectos, muchos, claro, pero en grandes líneas no soy mala gente (no, no he matado a 6 millones de judíos). El caso es que no pienso cambiar. Por nadie. Así que más te vale que te guste como soy, porque tampoco te voy a pedir que tú cambies por mi. Simplemente que podamos vivir en paz y armonía.
Y esto viene a ser lo que quería escribir hoy. Ya he dicho que no tenía ni puta idea qué contar...
Se nota que hoy se me ha quemado el café, verdad...

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