domingo, 1 de noviembre de 2015

Marruecos, día cero.

Las calles de Marruecos son muy parecidas a las de Líbano (excepto por los tiros en las paredes y las casas derribadas), y se conduce exactamente igual del mal. He llegado a ver cinco filas de coches para tres carriles. Y sólo llevo 4 horas en este país. Bueno, empiezo por el principio.
Aterrizo a las 18h y pico, hora local (la de Canarias) en el aeropuerto de Rabat. No sé si habéis volado con Ryanair alguna vez, pero es como volar en el metro en hora punta. Aunque para dos horas de vuelo, no me quejo. Paso por aduanas sin problemas. Me ha dado un poco de palo decir que soy militar, pero bueno, paso de ir de listo en una situación así. Me recoje Ismael, un marroquí de unos 30 años que siente poco aprecio por su vida (y la mía) al conducir. Tiene el coche aparcado en una plaza para minusválidos, pero sospecho que no tiene ningún tipo de minusvalía. Mal empezamos Ismael. Me lleva en plan Fitipaldi por media Rabat, llamando por el móvil cada 10 minutos. Creo que le he jodido el plan de esta tarde. Y como tampoco es que pilote mucho de inglés, pues digamos que se me ha hecho muy largo el viaje, más que el vuelo. Me registro en la academia, pago (que alivio quitarme todo ese efectivo de encima), y me llevan a la residencia. Que no está mal, todo hay que decirlo. La calle es oscura y no se ve bien por fuera, solo un letrero luminoso en un azul "sirena de la nacional, a las 3 de la mañana cuando sabes que vas a dar positivo", que me deja un poco pensando que es un puti. Pero no. Allí me espera un chico marroquí de no más de 20 años, que no habla ni papa de inglés ni de español. Con gestos me enseña mi habitación, y me cuenta un poco de qué va el rollo de la resi. No tiene mala pinta.
Mi habitación es triple, pero sólo nos alojamos dos. Mi compi es italiano, Andrea, un chaval de unos veintiocho o treinta tacos. Bastante majo. Paso de decirle que en mi país su nombre es de chica, no empecemos mal. Se le nota la italianidad, en su mesa hay más cremas que en el baño de mi madre. Pero no habla a gritos, ni hace aspavientos con las manos, y con eso a mi ya me ha ganado (mira si me conformo con poco). Me cuenta un poco la película de la academia, y parece que aún le queda un mes aquí, así que tendremos tiempo de salir de farra estudiar hasta que amanezca.
Salgo a echar una cerveza, pero mierda, estoy en un país musulmán, y puede que me crucifiquen por pedir una. Ah, no, eso lo hacen los judíos. Bueno, que salgo a cenar. Me pido un shawarma, que viene a ser un rollito de primavera, pero con carne de cordero, y un zumo verde, al que no le identifico el sabor. Doy una vuelta buscando una tienda de telefonía, por informarme sobre las SIM cards, para tener 3G fuera de la resi, por el Waze y esas cosas. Pero nada, hay varias pero todas cerradas. Sí que veo abierto todo tipo de bares, Burger King, Telepizza, un bar de Google (aquí lo del copyright creo que se lo pasan un poco por el forro), tiendas Adidas, etc...
Y bueno, poco mas que contar. La echo de menos, pero eso no es nada nuevo.


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