martes, 27 de octubre de 2015

Y aún no ha terminado el día...

Me despierta un mensaje. Es Ella, sonrío. Tuerzo la mueca y pienso qué responderle. No es temprano, pero estoy de vacaciones, qué demonios. Me ha pillado con las neuronas a ralentí, pero aún así espero ser original. Tecleo alguna chorrada, corrijo las faltas y le doy a enviar. Lo admito, no se me da bien ser original con el nivel de cafeina en números rojos. Aún así me la imagino al otro lado, leyendo mi respuesta y sonriendo. Empieza el día.
Vuelve a sonar el móvil. Esta vez una llamada. No son ni las 10 y el inquilino de mi piso ya me está poniendo la cabeza como un bombo. Algo sobre una fuga de gas, o algo así. Le digo que bien, que lo miraré cuando salga del coma. Me cuesta levantarme. Creo que anoche me quedé hasta las 3 y pico, o las 4, leyendo un blog. Y hoy lo voy a pagar, está claro.
Saludo a mi madre, le cuento lo del gas y le digo que luego me pasaré por donde Raúl, el fontanero de toda la vida. Abro el tarro de cristal donde guardan el café mis padres, me acerco a olerlo mientras miro por la ventana, y decido ser generoso con la cafetera. Mi sobrina está en el salón y me siento con ella a desayunar. Está hipnotizada mirando la tele, unos dibujos estridentes de voces chillonas y colores epilépticos. Pienso en que los creadores quieren que mi sobrina salga gilipollas, y decido ponerle a bajar algo en condiciones. Aunque seguramente ella prefiera estos, sólo por llevarme la contraria. Ha salido a su madre.
Me desparasito en la ducha, y salgo a hablar con el fontanero. Otra vez el móvil. Parece que está lloviendo en Su tierra. Y yo aquí, muriéndome de calor. Nunca tenemos lo que deseamos, ya lo sé. Le contesto con una foto de un cielo azul valenciano, esperando no parecerle muy cabrón, pero sí un poco cabrón.
Discuto con el fontanero, con su mujer, con mi padre, hasta con mi sobrina. Necesito otro café. Lo vuelvo a cargar bien.
Dentro de unos días salgo hacia Marruecos, y bueno, por mis cacharros ha pasado todo tipo de información. Desde manuales confidenciales, hasta fotos para mayores de 35. Decido hacer una limpieza general, y ya que estoy, mejorar un poco la seguridad. Guardo toda la info delicada del trabajo en un pendrive cifrado; este se queda en casa. Cifro otro donde guardo lo "delicado" que quiero llevarme. Cambio la tarjeta SD del móvil por una wipeada a ceros, y saco un backup de la memoria interna antes de restaurarlo (varias veces) de fábrica. El portatil no me preocupa; siempre he tenido el HD cifrado, y desde hace un año el ESD activado. Parnoico que es uno. Además, debe de ser el cacharro que menos info sensible tiene.
Relleno la taza, ya van tres, y no es ni mediodía.
Joder, ¿a comer ya? Necesito volver a mis propios horarios...
Pienso en Ella. Espero que no se haya mojado mucho de camino al trabajo.
Debería de ponerme con el master, pero he decidido que lo voy a dejar para Marruecos. No me vendrá mal tener la mente ocupada todo el tiempo que pueda.
Son más de las cuatro. Creo que voy a volverme a la cama. Mañana será otro día.


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