lunes, 8 de junio de 2015

Sab kuch milega

Dicen que cuando una puerta se cierra se abre una ventana. Imagino que será verdad, por que los dos últimos años han sido un poco "catastrof", pero tengo que admitir que no han dejado de ocurrirme cosas interesantes, diferentes, o simplemente raras de cojones. Primero el divorcio; una etapa triste y dolorosa por la que tuvimos que pasar. Era necesario, porque algunas cosas cuando se rompen ya no pueden volver a arreglarse. De aquella época sólo siento haber perdido el contacto con ella. Pero bueno, la vida es cuestión de decisiones. Después vino la misión en Líbano. Aburrida y monótona, aunque conocí a alguien que me alegró un poco aquellos días, y me ayudó a superar malos momentos. Después vino la decepción clásica, del que busca algo más, y sólo encuentra amistad, pero ese es otro tema.
Y por fin llega la ventana. Sin pareja, sin "dependencias no satisfechas" (esto seguro que sólo lo entiende algún linuxero...), sin nada que me ate a mi tierra, mas que la familia y una hipoteca (de un piso que está alquilado). Y con un trabajo que me permite dejar esta vida en stand by, llega el momento de ponerse el mundo por montera, coger el atillo, y ver que nos depara más allá de las fronteras. Líneas que he cruzado infinitas veces por trabajo o en compañía, y que ahora decido atravesar asolas. Vamos, que me piro un par de años de excedencia, a recorrer Asia, y luego lo que surja... 15 de febrero, y contando, así que más me vale empezar con los preparativos, porque no te haces 8.000 km sin haber pensado por lo menos en los visados.

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