jueves, 16 de febrero de 2012

Me parece curioso que un personaje como Jaime Alonso, vicepresidente de la Fundación Francisco Franco, haga uso de un derecho tan democrático como el de decir públicamente que no está de acuerdo con una estatua. Me pregunto que opinarán de eso los 35.000 republicanos que lucharon por la libertad y aún siguen en paradero desconocido, repartidos en fosas comunes. Probablemente nada. Los muertos nunca han sido muy de hablar.

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