martes, 26 de octubre de 2010

No dejes que la realidad te estropee un buen titular

Una semana larga. Ahora mismo estamos asistiendo a un seminario sobre Información y Defensa, que es interesante, no lo niego, pero alarga mi jornada laboral desde las 7h de la mañana hasta las 20h de la noche... Incluso he disfrutado con ponencias como la de Juan Pablo Pascual Pérez, perdonandole que sea Jefe de Informativos de Cope-CyL, pero aún así le faltan horas a mis días.
Sobre lo demás todo más o menos igual que siempre. Examenes aprovados, ejercicio con regularidad, alguna continuada casual (la de mañana con vehículos... espero que no nos despeñemos) y poco más. Aunque últimamente he vuelto a tener problemas con el SCI, aunque no tengo muy claros los motivos. Tal vez el examen, o la falta de descanso.
Bueno, voy a ver que manjares nos sirven para cenar.

domingo, 17 de octubre de 2010

UNA HISTORIA DE GUERRA

Hoy quiero hacerme eco (más bien copy&paste) de uno de los "artículos" que escribe semanalmente Pérez-Reverte en XLSemanal. Debe de ser de los pocos escritores con los que disfruto realmente, y algo que he leído recientemente (un par de minutos tal vez) me ha dejado con ganas de compartirlo... o por lo menos reproducirlo aquí, de forma que no se me pueda olvidar nunca.

  Alguien escribió en cierta ocasión que si una historia de guerra parece moral, no debe creerse. Y alguna vez lo repetí yo mismo. Pero eso no es del todo verdad. O no siempre. Como todas las cosas en la vida, la moralidad de una historia depende siempre de los hombres que la protagonizan, y de quienes la cuentan. Ésta de hoy es una historia de guerra, y quiero contársela a ustedes tal como algunos amigos míos me han pedido que lo haga. La moralidad la aportan ellos. Yo me limito a ponerle letras, puntos y comas.

Base de Mazar Sharif, Afganistán. Cinco guardias civiles, de comandante a sargento, perdidos en el pudridero del mundo, formando a la policía afgana. Cinco guardias de veintidós llegados hace cinco meses y medio, desperdigados por una geografía hostil y cruel, en misión de alto riesgo, en una guerra a la que en España ningún Gobierno llamó guerra hasta hace cuatro días. Los cinco de Mazar Sharif, como el resto, eran gente acuchillada, porque lo da el oficio. Sabían desde el principio que a la Guardia Civil nunca se la llama para nada bueno. Y menos en Afganistán. Si lo que iban a hacer allí fuera fácil, seguro, cómodo o bien pagado, otros habrían ido en vez de ellos. Aun así, lo hicieron lo mejor que podían. Que era mucho. Atrincherados en una base con americanos, franceses, holandeses y polacos, vivían con el dedo en el gatillo, como en los antiguos fuertes de territorio indio. Igual que en los relatos de Kipling, pero sin romanticismo imperial ninguno. Sólo frío, calor, insolaciones, sueño, enfermedades, soledad. Peligro. Los únicos cinco españoles de la base, de la provincia y de todo el norte de Afganistán.

Ellos y sus compañeros habían llegado a la misión tarde y mal, aunque ésa es otra historia. Que la cuenten quienes deben contarla. Aun así, con la resignada disciplina casi suicida que caracteriza al guardia civil, se pusieron al tajo. Como era de esperar, no encontraron la mesa puesta. Quien estuvo por esos mundos con militares norteamericanos, holandeses y franceses, sabe de qué van las cosas. Sobre todo con los norteamericanos, que tienen a Dios sentado en el hombro como los piratas llevan el loro. Para hacerse un hueco entre sus aliados, distantes y despectivos al principio, no hubo otra que la vieja receta de Picolandia: aprender rápido, trabajar más que nadie, no quejarse nunca y ser voluntarios para todo. Y por supuesto, tragar mierda hasta reventar. Y así, a base de orgullo y de constancia, poco a poco, los cinco hombres perdidos en Mazar Sharif se hicieron respetar.

Un triste día se enteraron de la muerte de sus dos compañeros en Qualinao. De la pérdida de dos guardias civiles de aquellos veintidós que llegaron hace medio año, y de su intérprete. Y pensaron que el mejor homenaje que podían hacerles era que la bandera norteamericana que ondea en la base fuese sustituida, aquel día, por la española a media asta. Eso no se hace allí nunca, aunque a diario hay norteamericanos muertos, los franceses sufrieron numerosas bajas, y también caen holandeses y polacos. Así que el jefe de los guardias civiles, el comandante Rafael, fue a pedir permiso al jefe norteamericano. Accedió éste, aunque extrañado por la petición. Saliendo del despacho, el guardia civil se encontró con el jefe del contingente francés, quien dijo que a él y a sus hombres les parecía bien lo de la bandera. En ésas apareció otro norteamericano, el mayor James, que nunca se distinguió por su simpatía ni por su aprecio a los españoles, y con el que más de una vez hubo broncas. Preguntó James si los muertos de Qualinao eran guardias civiles como ellos, y luego se fue sin más comentarios.

A las ocho de la tarde, cuando fuera de los barracones apenas había vida, los cinco guardias se dirigieron a donde estaba la bandera. Formaron en silencio, solos en la explanada, cinco españoles en el culo del mundo: Rafael, Óscar, Rafa, Jesús y José. Cuando se disponían a arriar la enseña, apareció el teniente coronel francés con sus cuarenta gendarmes, que sin decir palabra formaron junto a ellos. Luego llegaron el mayor James, el teniente Williams y veinte marines norteamericanos. Y también los polacos y los holandeses. Hasta el pequeño grupo de Dyncorp, la empresa de seguridad privada americana destacada en Mazar Sharif, hizo acto de presencia. Todos se cuadraron en silencio alrededor de los cinco españoles, que para ese momento apretaban los dientes, firmes y con un nudo en la garganta. Y entonces, sin himnos, cornetas, autoridades ni protocolo, el capitán Rafa y el sargento José arriaron despacio la bandera. Una historia de guerra nunca es moral, como dije antes. Si lo parece, no debemos creerla. Pero a veces resulta cierta. Entonces alienta la virtud y mejora a los hombres. Por eso la he contado hoy.

Estoy en Chamartín ahora mismo... me encanta ver la discreción de mis compis de empresa. No hay sector en mi reloj que no descubra algún petate o mochila inconfundible...

martes, 12 de octubre de 2010

¿Alguna persona humana me podría explicar porqué se celebra el día de la Patria con un desfile militar? ¿Estoy en China?

sábado, 9 de octubre de 2010

Hace tiempo que no escribo nada decente, pero es que este sitio te chupa la vida...

martes, 5 de octubre de 2010

Lo que me van a dejar pilotar...

Pues eso, que a final de curso me tengo que sacar el carné de estos cacharros :P

El Leopard 2 A4

El Centauro

El TOA

 El VEC

domingo, 3 de octubre de 2010

Cada vez me resulta más curioso esto de las "academias militares". Deben de ser los únicos centros de España en los que no necesitas saber de un tema para poder enseñarlo... va más en función del rango que tengas. En la del año pasado estaba clarísimo. En esta por lo menos se les ve interesados en que salgas con un cierto nivel de conocimientos, aunque siempre hay ovejas negras...

sábado, 2 de octubre de 2010

Hoy estoy un poco triste. Realmente no se muy bien porqué, pero bueno. Supongo que me faltan cosas aquí. Cuando empecé en la empresa, con 19 años, incluso era divertido largarte a 500 kilómetros y no volver a casa hasta que te pegaban el toque y te recordaban que tienes una familia... pero supongo que ahora las cosas van cambiando. No me importa estar lejos de mi familia si se que es por un motivo razonado, pero me quema un poco el pensar que no pueda ver a los que quiero en x tiempo solo por un trabajo, que admitamoslo, en pleno siglo 21 es lo que es esta empresa. Y no muy bien pagada, por cierto...